El tratado de libre comercio con Canadá. CETA

Intervención de Mónica Cobo en marzo de 2017 en el Pleno del Ayuntamiento de Getafe

Para situar el debate, es importante señalar que el respaldo al CETA del pleno del Parlamento Europeo (PE) se ha producido con una amplia mayoría de 408 votos a favor, 254 en contra y 33 abstenciones.

El Partido Popular Europeo (PPE), los conservadores y reformistas (ECR) y los liberales (ALDE) al que pertenece Ciudadanos, se han pronunciado a favor, mientras que los socialdemócratas se han dividido (los socialistas españoles han optado por el sí) y los Verdes y la Izquierda Unitaria, así como las fuerzas euroescépticas, han votado mayoritariamente en contra.

Esta votación pone de manifiesto, una vez más, dos visiones del mundo contrapuestas que afloran con mayor claridad en temas como este. Por una parte, la de quienes como Ciudadanos, defendemos un mundo de libertades y posibilidades de desarrollo para todos, en el que son básicos la libre circulación de bienes, capitales y personas, frente a una opción contraria que manifiesta su voluntad de un regreso a la autarquía, un sistema económico en el que un estado se abastece con sus propios recursos, evitando en lo posible las relaciones económicas y políticas con otros estados, con un proteccionismo ineficiente en nuestras sociedades interconectadas.

En estas posiciones inviables y demagógicas coinciden, y entendemos que no casualmente, los partidarios del Brexit, Le Pen, Maduro, Donald Trump, que ya ha bloqueado el acuerdo que se estaba negociando entre EEUU y Europa y, como se pone de manifiesto, Podemos, en España.

Son muchas las ventajas que, a nuestro entender, propicia el CETA, de las que solamente voy a enumerar algunas:

– En primer lugar, y la más conocida, es la eliminación de aranceles con un país que, no hay que olvidar, es nuestro cliente nº 12 a nivel mundial, y con el que mantenemos una balanza de pagos positiva, pues los productos europeos son allí competitivos y apreciados y el CETA lo que hace es eliminar trabas para aumentar nuestro comercio bilateral. El objetivo del acuerdo es incrementar el comercio de bienes, servicios y la inversión entre Europa y Canadá (se estima que el comercio aumentará un 20%) y eliminará el 98% de los aranceles entre ambos bloques.

Pero no es solo eso, pues el CETA también contempla la apertura del mercado laboral canadiense y la posibilidad de acceder a grandes obras públicas en un país muy grande con un desarrollo futuro de infraestructuras públicas enorme, y para lo que tenemos empresas españolas entre las mejores del mundo en su actividad, con muchas posibilidades de acceder a estos concursos y generar desarrollo económico y empleo en nuestro país.

En este sentido, hay que resaltar la paradójica alianza de quienes están en contra de un acuerdo con “el país del mundo que más se parece a Europa”. ¿Qué hacen en el mismo barco Marine Le Pen y sus aliados populistas de extrema derecha, la Izquierda Unitaria y los Verdes?

El CETA supone, en este momento y tras las elecciones en Estados Unidos, un partenariado político y estratégico con un país como Canadá, y contra Trump y sus políticas. Canadá es, en estos momentos, uno de los países del mundo más cercanos a nuestros valores morales y éticos al que pretenden dar lecciones de democracia y solidaridad desde algunos sectores. No se nos debe olvidar la reacción de Canadá, liderada por el primer ministro Trudeau, ante el súbito cierre de fronteras de EEUU a los ciudadanos de algunos países, ofreciendo su territorio a estas personas mientras se encontraba una solución a su situación.

Quienes tan puristas se definen ante la posibilidad de hacer intercambios comerciales con otros países en función de valores éticos, sociales y democráticos, no deberían olvidar las palabras del pasado domingo del alcalde de Cádiz, destacado dirigente de Podemos, defendiendo los contratos de Navantia con Arabia Saudí, ante la importancia estratégica de estos contratos ante un problema tan acuciante como el desempleo en su municipio.

No voy a extenderme más, pues se trata de un asunto complejo y, por supuesto, nadie comparte los contenidos del CETA en su integridad, como no podría ser de otra manera, y es lo normal en cualquier proceso de negociación, pero no hay que olvidar que, gran parte de los aspectos del CETA más controvertidos como las denominaciones de origen o el mecanismo para la resolución de conflictos entre inversores y los Estados, cuyo planteamiento inicial hizo saltar las alertas al posibilitar que actores privados pudieran dirimir conflictos entre inversores y Estados ha sido sustituido por un nuevo mecanismo incluido finalmente en el acuerdo, (ICS, Investment Court System) o Sistema de Tribunales de Inversores, que garantiza que sean jueces elegidos públicamente quienes diriman los conflictos.

Nos quejamos a veces de la falta de control de los poderes políticos sobre los económicos y, sin embargo, en este caso, se rechaza por principio la importancia de un acuerdo entre estados democráticos para regular las relaciones económicas entre estas dos grandes potencias.

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